“La tranquilidad y la prudencia seguirán siendo la clave”

Entrevista a Enrique Sáez, Consejero Delegado de Fineco, Banca Privada Kutxabank, para la Intranet corporativa de Kutxabank y Cajasur.

 

En ella, hace balance de lo vivido en 2020 y extrae las claves para la inversión y la relación con nuestros clientes en este 2021.    

 

“La tranquilidad y la prudencia seguirán siendo la clave en la relación con nuestros clientes” 

 

¿Qué balance haces del año 2020?

2020 ha sido el año más complicado que hayamos vivido como gestores de patrimonios en los casi 40 años de historia de Fineco. Sin duda, y en primer lugar, por el mayúsculo impacto que ha tenido en nuestras vidas personales. En segundo lugar, y ya en el ámbito profesional, por el comportamiento de los mercados financieros más caótico de las últimas décadas; pero, sobre todo, por el inmenso reto que ha sido para la gestión, enfrentarse a los desafíos habituales que siempre plantea una crisis financiera, desde un confinamiento jamás experimentado anteriormente. 

 

Si en algún momento juega la psicología un papel fundamental en el mundo de la inversión, es precisamente cuando los mercados caen a plomo. Y en marzo asistimos a la caída más rápida de la historia. Seguida de la recuperación más meteórica desde el crack de 1987. Vaivenes que han puesto a prueba, como en ningún otro momento anterior, la solidez de nuestro modelo de gestión y nuestro modelo comercial.  

 

Y ¿cómo definirías el comienzo de este nuevo ejercicio?

2021 ha comenzado con una fuerza más que notable, siguiendo la tendencia alcista que se iniciara a principios de noviembre con las noticias sobre las vacunas, y con la victoria de Biden sobre Trump. Tanto la bolsa americana, como buena parte de las bolsas asiáticas, han sido capaces de situarse en máximos históricos, y ello a pesar de una tercera ola de contagios, a la que se ha respondido desde las autoridades sanitarias con más y más confinamientos. Europa, seguramente la más afectada por este nuevo repunte, se ha quedado ligeramente atrás, pero ha sido capaz, esta vez, de enseñar también buenas rentabilidades.  

 

¿A qué crees que se debe esta tendencia?

Las claves de estos mercados que podríamos calificar de eufóricos hay que buscarlas en la conjunción de dos nuevos acrónimos: TINA y FOMO El primero de ellos, “There Is No Alternative” nos hace referencia a la enorme presión que los inversores de todo el mundo están sintiendo ante unos tipos de interés en mínimos históricos, y en no pocas zonas geográficas, muy negativos. Esa enorme presión, pero sobre todo la idea de que no se percibe en el horizonte cercano un cambio de tendencia, está forzando a los inversores a salir de hábitats naturales de inversiones de bajo riesgo y abrazar alternativas con expectativas más rentables. Ayer mejor que hoy; y hoy mejor que mañana. Día a día vamos asistiendo a una claudicación que parece no tener fin, en uno de los fenómenos de rotación de renta fija a renta variable más fabulosos que nunca hayamos visto. Y aquí interviene el segundo acrónimo, FOMO, “Fear Of Missing Out”, el miedo a que se siga escapando un mercado alcista que no da tregua, que no respira y que, por eso mismo, asfixia a los que están fuera.   

 

No parece que el 2021 vaya a ser un año “fácil”… 

La verdad que no… No pensamos que va a ser un año sencillo a la hora de tomar decisiones de gestión. 2020 fue el año del “cuanto peor, mejor”; fue claramente el año en el que la intervención de los Bancos Centrales consiguió más que compensar una caída de beneficios empresariales histórica. Ésta, precisamente, será una de las claves para navegar en el nuevo año: el rumbo que siga la política monetaria. 

 

Sin duda 2021 va a ser un año de fuertes recuperaciones en el crecimiento económico. Nadie duda de que asistiremos a unos beneficios empresariales que, en no pocos casos, recuperarán los niveles máximos de 2019, y ello llevará a la confirmación de todas las buenas señales que los inversores buscan y quieren ver, cuando invierten en activos de renta variable. 

 

El factor clave a seguir, sin embargo, puede que no sea tanto éste como la evolución de los tipos de interés de los plazos largos. No es descartable que en este ámbito, los tipos, asistamos a un fenómeno de “cuanto mejor, peor” exactamente inverso al que vivimos en 2020. Y que el gran motor propulsor de la recuperación de los mercados en el segundo semestre del pasado año, deje de funcionar; o peor aún funcione en dirección contraria a la de los beneficios. Es algo que hemos empezado a ver ya en Estados Unidos, donde su bono de referencia a 10 años ha pasado del 0,60% en septiembre, al 1,30% actual. 

 

Lo que pase a partir de ahora dependerá en buena medida de la evolución de la inflación. La gran aliada de la extrema laxitud monetaria de los bancos centrales de todo el planeta puede que deje de serlo. Nadie teme llegar a niveles peligrosos, pero tal vez sea la disculpa que se aproveche para empezar a desandar el camino de unos tipos de interés, que han tenido efectos claramente positivos, pero que también están encendiendo no pocas luces rojas de peligro, muy especialmente en los precios de algunos activos de inversión financiera e inmobiliaria. 

 

Entonces los precios serán la clave.

Los precios son, en momentos del ciclo bursátil como en el que nos encontramos, el gran enemigo de los inversores. Un enemigo a veces desconocido, escondido bajo una realidad de buenas noticias que parece que justifican cualquier inversión. 

 

Las palabras TINA y FOMO, que nombraba al principio de la entrevista, nos hablan de mercados en los que los inversores se dejan llevar por la presión y la emoción, más que por la valoración adecuada de los precios. No es de extrañar, que la propia Reserva Federal americana haya vuelto a utilizar esta semana el término “precios elevados” para describir la situación actual en su visión sobre los riesgos financieros. Algo de lo que también nos está hablando la volatilidad implícita en las opciones de algunos de los grandes índices bursátiles. Es éste un indicador a vigilar que suele servir para anticipar el nivel de curvas que nos vienen por delante. Y ahora mismo, marca unos niveles que no concuerdan demasiado con el nivel de complacencia, o incluso de euforia, que se vive en la mayor parte de los activos con riesgo. 

 

¿Quiere decir esto que lo que vienen rentabilidades negativas por delante? 

No necesariamente. Nosotros nos quedamos con que va a ser un año largo, no exento de momentos complicados, en el que tendremos que entender muy bien cuáles son las variables que determinan la formación de los precios: crecimientos de los beneficios, tipos de interés y precio del riesgo. Fijarse únicamente en el primero puede llevarnos a cometer errores importantes. 

 

Para terminar, ¿cuál va a ser la clave de la relación entre Fineco y los clientes durante 2021?

De cara a los clientes nuestro diálogo con ellos sigue presidido por palabras como tranquilidad y prudencia. Estos mercados emocionales no son fáciles de gestionar. El mundo ha pasado, con mayor velocidad que en ningún otro momento de la historia, del miedo a la avaricia. El peligro ahora son los umbrales del sueño rotos, no por la parte de abajo sino por la parte de arriba. Todo ello, además, incrementado por fenómenos nuevos como el bitcoin por ejemplo, muy difíciles de entender, que otorgan patente de corso a planteamientos en los que valor y precio no parece que estén debidamente alineados. 

 

Terminamos 2020 con rentabilidades positivas en un entorno de inflaciones negativas, algo que sin duda, ha colmado las expectativas de los más exigentes. 2021 ha empezado con fuerza, incluso para aquellos que no están sobreinvertidos. Por tanto, buenas noticias también. Tranquilidad y prudencia. No hay necesidad de correr detrás de los precios. Como decía, el año será largo y, como tantas y tantas veces, vendrá marcado por acontecimientos no previstos, riesgos y oportunidades, que volverán a poner a prueba nuestras capacidades de gestión.

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