Los principales sesgos en la toma de decisiones financieras

Los principales sesgos en la toma de decisiones financieras

Como mencionábamos en el capítulo anterior sobre la historia de la psicología del inversor, la comprensión de los mercados financieros no puede limitarse exclusivamente a fórmulas matemáticas o modelos de valoración tradicionales. Las decisiones financieras están profundamente influidas por factores psicológicos, emociones y sesgos cognitivos, que determinan cómo los inversores perciben la información, toman decisiones y reaccionan ante cambios del mercado.

La disciplina de las finanzas conductuales surge para explicar estas desviaciones de la racionalidad más estricta que tradicionalmente han asumido la teoría económica y las finanzas, incorporando hallazgos de la psicología cognitiva a la economía. Comprender estos sesgos permite no solo mejorar la toma de decisiones individuales, sino también entender fenómenos colectivos del mercado, como burbujas, pánicos y sobre- o subreacciones frente a noticias financieras.

Qué son los sesgos cognitivos en finanzas

Los sesgos cognitivos son errores sistemáticos de juicio que afectan cómo las personas procesan información y toman decisiones. En finanzas, estos sesgos influyen en:

  • La asignación de recursos.
  • La valoración de activos.
  • La gestión del riesgo.

Surgen de factores profundamente humanos como la búsqueda de confirmación de nuestras propias creencias, la sobreestimación de la propia capacidad, la influencia de experiencias pasadas y la imitación de comportamientos ajenos; todos ellos actúan como aparentes “atajos” frente a la incomodidad de la incertidumbre permanente que domina los mercados financieros. Estos mecanismos explican por qué incluso los inversores experimentados toman decisiones que se desvían de la lógica o racionalidad clásica.

Principales sesgos que afectan la toma de decisiones

Aunque estudios recientes han identificado más de 50 sesgos relevantes para los inversores individuales, a continuación mencionamos solo algunos de ellos:

1. Exceso de confianza (Overconfidence)

Muchos inversores sobreestiman su capacidad para seleccionar activos o anticipar movimientos del mercado (Barber & Odean, 2001), lo que puede derivar en:

  • Toma de riesgos innecesarios (por ejemplo a través del apalancamiento).
  • Operaciones excesivas que aumentan costes.
  • Falta de diversificación y mayor exposición a riesgos sistémicos.

Ejemplo: Un inversor que ha superado un índice de referencia durante dos años concentra gran parte de su patrimonio en un solo sector, convencido de que su análisis es infalible. Cuando el sector corrige inesperadamente, su cartera sufre pérdidas significativas.

2. Aversión a las pérdidas

Según Kahneman, las pérdidas generan mayor dolor que la satisfacción por ganancias equivalentes. Este sesgo provoca:

  • Mantener activos con pérdidas con la esperanza (más que con la razón) de que algún día se recuperen.
  • Evitar inversiones que podrían mejorar el rendimiento de la cartera.

Ejemplo: Un fondo o una persona mantiene acciones de una empresa en fuerte caída que ha sufrido un deterioro en sus fundamentales, negándose a vender por debajo del precio de compra original, aunque el análisis sugiera que la tendencia bajista continuará.

3. Sesgo de confirmación

Se refiere a la tendencia de buscar información que confirme creencias previas, ignorando o subestimando la evidencia contraria (Nickerson, 1998). Esto puede llevar a:

  • Persistencia en estrategias ineficientes.
  • Sobrevaloración de ciertos activos.

Ejemplo: Un inversor convencido del potencial de una empresa tecnológica sigue comprando acciones pese a varios trimestres consecutivos presentando resultados financieros negativos, justificando las caídas como “circunstanciales” y “temporales”.

4. Anclaje

Consiste en depender excesivamente de una referencia inicial, como el precio de compra de una acción, al evaluar su valor actual. Puede generar:

  • Expectativas irreales sobre el desempeño futuro de un activo.
  • Pérdida de oportunidades de reasignar capital a inversiones con mayor potencial.

Ejemplo: Un inversor espera que una acción vuelva a su máximo histórico aunque las perspectivas fundamentales hayan empeorado. O un inversor no quiere vender una acción que compró a 20 €, aunque ahora valga 18 €, porque está esperando a que vuelva a lo que pagó.

5. Comportamiento de rebaño (Herding)

Imitar las decisiones de la mayoría sin un análisis propio puede llevar a:

  • Decisiones precipitadas y sin fundamento ni convicción.
  • Burbujas financieras.
  • Pánicos y retiradas masivas de capital.

Ejemplo: Durante la burbuja puntocom de la década de 1990, miles de ahorradores se lanzaron a invertir en las empresas tecnológicas de moda simplemente porque “todos lo estaban haciendo” y las cotizaciones no dejaban de subir. Ese comportamiento de rebaño alimentó la burbuja especulativa y dio pie a lo que se dio en llamar “exuberancia irracional”, que más tarde Robert J. Shiller tomaría como título de su célebre libro.

6. Sesgo de retrospectiva

Es la tendencia a creer que los resultados pasados eran predecibles, afectando la capacidad de aprendizaje:

  • Sobreestima la capacidad de anticipar eventos futuros.
  • Refuerza decisiones futuras basadas en interpretaciones distorsionadas del pasado.

Ejemplo: Un inversor afirma que “ya sabía” que un activo subiría después de que ocurrió, reforzando decisiones similares sin un análisis objetivo, cuando en finanzas la aleatoriedad juega un papel importante.

Implicaciones prácticas de los sesgos cognitivos

La presencia de sesgos cognitivos compromete la eficiencia del mercado y la racionalidad de las decisiones, a distintos niveles:

  • Microeconómico: Los inversores individuales pueden sufrir pérdidas por exceso de confianza, aversión a las pérdidas o sesgo de confirmación.
  • Macroeconómico: Comportamientos agregados generan excesiva volatilidad, burbujas y sobre- o subreacciones frente a eventos del mercado, además de distorsiones en la asignación de recursos.

Por ello, reconocer y gestionar estos sesgos es esencial para mejorar la toma de decisiones financieras, optimizar la asignación de recursos y proteger las inversiones. La educación financiera, la diversificación, la revisión objetiva de análisis y la conciencia de las propias emociones y sesgos son herramientas fundamentales para contrarrestar sus efectos. Pero de ello nos centraremos en el próximo capítulo.

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